¿Qué ocurre cuando rompemos el relato?

Por Daiana Collovati

Cada semana, los medios y las plataformas multiplican las narrativas sobre hombres y mujeres que consiguieron escalar empresas, transformar sus industrias o reinventar sus trayectorias vitales. Sin embargo, rara vez se documenta la zona gris: ¿Qué dudas paralizaron el proyecto durante meses? ¿Qué decisiones financieras estuvieron a punto de arruinarlo todo? ¿Qué errores conceptuales obligaron a reestructurar el modelo desde cero? ¿Qué conversaciones íntimas cambiaron el rumbo de la estrategia cuando todavía no había ningún éxito que mostrar ante la galería?

Investigar y dar a conocer estas preguntas no busca romantizar el sufrimiento ni justificar el fracaso por sí mismo, sino devolverle la densidad a la realidad. Comprender una trayectoria exige transitar por sus puntos ciegos. Porque, a fin de cuentas, la parte más valiosa de cualquier historia humana rara vez es el destino final al que se llega; es todo aquello que se aprendió, se corrigió y se transformó antes de que el éxito siquiera existiera.

Cuando logramos romper ese relato y entrar en una capa más profunda del diálogo, aparecen todas las similitudes entre seres humanos, la empatía, las ganas de seguir adelante, aparecen respuestas que antes no habíamos escuchado porque se habían maquillado.

Hace algunos meses tuve la gran oportunidad de entrevistar al escritor Antonio Liuyang y en un momento de la entrevista el mencionó los “momentos casi”, momentos donde estuvo a punto de cerrar acuerdos, y que por diferentes razones (que no siempre tienen que ver con nosotros) no se dieron, quedaron en momentos casi. Mi mente se llenó de flores, pajaritos de colores y dije: claro ahí está, la definición exacta de lo que quiero compartir en el mundo y por eso estoy aquí escribiendo sobre esto hoy. La pregunta es ¿Esos momentos son simples hechos aislados en la vida de los humanos o acaso estamos llenos de momentos casi?¿Todos esos pasos que dimos para llegar a concretar algo (independientemente del resultado), son pasos en falso que no contribuyen a nuestra hoja de vida? ¿Acaso debemos olvidarlos como piezas oxidadas que nunca sirvieron en nuestro camino de construcción?

Me resisto, y aquí me permito opinar libremente. Soy una persona que está llena de momentos casi. No solo como emprendedora, si no como persona, como madre, como mujer, como pareja, como hija, como hermana, como amiga, como periodista. Pero lo más “rebelde” de esta confesión no es la confesión en sí, es que todos esos momentos casi, me han traído donde estoy, porque tengo 90% de momentos casi y 10% de momentos “logro”. Entonces yo me permito celebrar los casi e intentar al menos que por 1 hora mis entrevistados me cuenten los suyos y darme el lujo de compartirlos en un universo que no está hecho para ellos, pero que de vez en cuando alguien ve y se identifica y empatíza.

Lo dejo aquí porque no quiero enrollarme, gracias por leerme, nos vemos ahí… en la jungla de la masividad.